FLANCO NORANDINO VENEZOLANO: CARACTERÍSTICAS ESTRATIGRÁFICAS Y PALEOGEOGRÁFICAS


FLANCO NORANDINO VENEZOLANO: CARACTERÍSTICAS ESTRATIGRÁFICAS Y PALEOGEOGRÁFICAS (PARTE II).

OMAR ANTONIO GUERRERO
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, MERIDA - VENEZUELA


En la cordillera andina de Venezuela, afloran terrenos cuyas edades abarcan desde el Precámbrico al Cenozoico. Una síntesis cartográfica rápida y muy general de la distribución de los eratemas (Fig. I.3.1) muestra como los terrenos más antiguos (orógeno Hercínico) se encuentran en las zonas centrales más elevadas, los terrenos mesozoicos prolongan por el N y S a aquellos y los cenozoicos ocupan los flancos de la cadena Andina.

EL BASAMENTO

Las rocas del basamento son en gran parte las rocas madre de los depósitos Meso-Cenozoicos y pertenecen a los ciclos Precámbrico y Paleozoico (Fig. I.3.2). En los Andes se reconocen durante el Paleozoico dos eventos orogénicos; uno denominado Caparoensis, ocurrido a finales del Cámbrico y comienzos del Ordovícico y otro llamado Herciniano ocurrido a finales del Pérmico y comienzos del Triásico.



Fig. I.3.1:
Síntesis cartográfica general de la distribución de los eratemas en los Andes de Mérida. Gran parte del Paleozoico corresponde a la Asociación Tostós en la zona de Mesa Bolívar (Modificado de Bellizia, 1976).

Las rocas del Precámbrico y Paleozoico forman parte de tres bloques cuya estratigrafía es muy diferente: autóctono, alóctono y supraterreno (Bellizia y Pimentel, 1994). El bloque autóctono denominado de Caparo está ubicado en el FSA y está formado por rocas metamórficas del Precámbrico Superior y del Ordovícico y Silúrico. La Asociación Bella Vista del Precámbrico está constituida por esquistos y pizarras con intrusiones graníticas. Las rocas del Ordovícico y Silúrico comprenden las formaciones Caparo y El Horno respectivamente, que consisten en limolitas fosilíferas. Este bloque tectono- estratigráfico, formó parte de una gran cuenca sedimentaria formada en la periferia del Escudo Precámbrico de Guayana.



Fig. I.3.2: Cuadro cronoestratigráfico del basamento y de la supersecuencia A jurásica de los Andes venezolanos (Basado en Higgs et al., 1995).

El bloque alóctono de Mérida, situado en la región central y en el FNA está articulado por los grandes núcleos antiguos ígneo-metamórficos de edad Precámbrico del Complejo Iglesias (Fig. I.2.2A) cuya unidad más característica es la Asociación Sierra Nevada, compuesta por gneises, micaesquistos, mármoles y cuarcitas, afectados por un metamorfismo de facies anfibolita-almandino.

La sedimentación y el evento tectono-termal del Paleozoico Inferior estuvo caracterizado en la región central andina por la ausencia de sedimentos del Cámbrico, marcando un gran hiato. Los periodos del Ordovícico y Silúrico están representados por intrusiones graníticas, así como por levantamientos -principalmente hacia el SO de los Andes- que no se manifestaron hacia su parte central (Testamarck et al., 1991). Este evento estuvo relacionado con la orogénesis Caparoensis, que produjo un largo hiato durante el Devónico y el Mississipiense, antes del nuevo ciclo sedimentario del Paleozoico Superior.

Durante el Carbonífero Superior (Pennsylvaniense) y el Pérmico ocurrió una transgresión que cubrió la región central andina y dio origen a la sedimentación de la Asociación Mucuchachí, Río Momboy y Los Torres. Para este periodo, se establece la cobertera sedimentaria del supraterreno. En la cordillera de Mérida, la cobertera (supraterreno) esta formada por depósitos continentales (Formación Sabaneta) y marino someros (Formación Palmarito), del Paleozoico Superior (Pennsylvaniense Superior–Pérmico). Estos depósitos sedimentarios son transgresivos sobre los anteriores en ambas provincias geológicas (bloque de Mérida y bloque Caparo). Por esto, la historia geológica de la cordillera de Mérida es diferente hasta el inicio del depósito de las formaciones Sabaneta y Palmarito.

El alto estructural denominado Arco de Mérida es un contrafuerte tectónico de edad Pennsylvaniense que corre en la dirección NO-SE, perpendicular a la cordillera. El arco, de naturaleza metamórfica, no sólo afectó a la sedimentación del Paleozoico Superior, sino que controló la paleogeografia posterior desde el Mesozoico hasta el Paleógeno (Lugo, 1984). Durante la orogénesis Hercínica en el Permo-Triásico, todas las formaciones paleozoicas en la región central andina fueron plegadas y levantadas por efectos de una intensa tectónica compresiva con magmatismo calco-alcalino asociado, ocasionando un metamorfismo regional y una intensa deformación.

LA SUCESIÓN PRE-OROGÉNICA

Los terrenos pre-orogénicos en el FNA que se iniciaron con la sedimentación post-hercínica, han sido divididos en cinco supersecuencias  denominadas con las letras A-E (Parnaud et al., 1995). Las supersecuencias cuyo origen es tectónico, están separadas por discordancias y reflejan la dinámica en la evolución de la cuenca desde el Jurásico (Fig. I.3.3). Las cinco supersecuencias cuyo origen es tectónico, tienen en su interior otras secuencias menores (Fig. I.3.4) cuya génesis reflejan otros procesos globales como los eustáticos y otros tectónicos propios de la evolución estructural de cada bloque. Un hecho a tener en cuenta es que las secuencias cretácicas y paleocenas son mixtas (carbonáticas y siliciclásticas), mientras que aquellas depositadas a partir del Eoceno son todas siliciclásticas. El significado estructural de cada supersecuencia y sus características litoestratigráficas más notorias se exponen a continuación.

La etapa extensional del Jurásico (supersecuencia A)

Esta etapa se caracteriza por los depósitos de la Formación La Quinta (Fig. I.2.2). Son capas rojas continentales que rellenan fosas tectónicas orientadas de NO-SE, que se originaron durante el episodio de rifting que afectó a este margen de la placa durante el Jurásico (Fig. I.3.3A). Según González de Juana et al., (1980) el ámbito del FNA, era en aquellos tiempos un bloque elevado que constituía un pilar tectónico (horst) que contribuía con sedimentos a las fosas adyacentes.

El margen pasivo del Cretácico (supersecuencia B) Su intervalo de depósito abarca desde el Cretácico Inferior al Superior y corresponde al desarrollo de un margen pasivo (Fig. I.3.3B y C). Durante el Cretácico continua la disgregación de la Pangea que propicia el desarrollo de una megacuenca que se extendió a lo largo del cratón sudamericano desde el NE de Venezuela hasta quizás el N de Argentina. A principios del Cretácico el escudo de Guayana fue inundado por el mar y el arco de Mérida condicionó el avance transgresivo durante su inicio en la región andina, depositándose las secuencias cretácicas mas completas en mares epicontinentales. Los depósitos que componen las secuencias muestran un esquema relativamente simple, con cinturones de facies orientados NE-SO y que son más profundas hacia el NO. Esta transgresión y las sucesivas se correlacionan con los cambios eustáticos globales que dejaron registro en la zona de varias secuencias (Fig. I.3.4) depositadas en plataformas mixtas (carbonáticas y siliciclásticas).



Fig. I.3.3.- Esquemas de evolución geotectónica de Venezuela durante el Meso-Cenozoico, mostrando las supersecuencias estratigráficas (A-F). M, Machiques; U, Uribante; T, Trujillo; L, lago de Maracaibo; CC, cordillera Central Colombiana; G, Guajira; P, Paraguaná. Modificado de Parnaud et al. (1995)

Durante la secuencia Neocomiense-Barremiense comenzó la transgresión cretácica que hizo que se rellenaran los surcos de Uribante, Barquisimeto y Machiques, con una secuencia fluvial conocida como Formación Río Negro (González de Juana et al., 1980), mientras que el arco de Mérida continuaba expuesto sobre el nivel del mar y sometido a erosión (Renz, 1977). Durante la secuencia Aptiense continuó la transgresión cretácica sobre el borde NO de los Andes, inundando grandes extensiones del arco de Mérida, de la cuenca de Barinas y de la plataforma de Maracaibo; la sedimentación fue casi exclusivamente calcárea y está representada por la Formación Apón (Fig.I.3.5).

 Fig. I.3.4.-Cuadro estratigráfico del Meso-Cenozoico de los Andes de Mérida y la cuenca de Maracaibo, mostrando las supersecuencias (B-F). Según Parnaud et al. (1995).

La secuencia Albiense-Cenomaniense inferior, refleja un flujo importante de arenas que se produjo hacia el N y cuyos depósitos se interdígitan con lutitas y calizas, produciendo una secuencia de areniscas cuarzosas, lutitas y calizas grises de las formaciones Peñas Altas (estado Trujillo) y Aguardiente (estado Mérida) (González de Juana et al., 1980) (Fig. I.3.6). Durante el Albiense la transgresión siguió avanzando hacia el S hasta invadir la cuenca de Barinas y rebasar finalmente las mayores alturas del arco de Mérida. Es al final del Albiense cuando se deposita un intervalo de calizas fosilíferas de ambiente nerítico-costero sobre los Andes y la plataforma de la cuenca de Maracaibo (Formación Maraca).

Fig. I.3.5: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria Aptiense que pertenece a la supersecuencia B de margen pasivo: 1. Posición actual de los mantos de Lara; 2. Áreas positivas; 3. Clásticos litorales; 4. Lutitas y carbonatos de plataformas internas; 5. Lutitas y carbonatos de plataforma media; 6. Isopacas en pies. Modificado de Parnaud et al. (1995).

Durante la secuencia Cenomaniense superior-Campaniense se desarrollaron en este ámbito ambientes pelágicos, neríticos y costeros (Zambrano et al., 1971; Schlumberger, 1997) con una polaridad bien definida. Los ambientes pelágicos se extendieron por gran parte del occidente de Venezuela, el flanco NO de los Andes y la depresión de Barquisimeto; en ellos se depositaron lutitas negras calcáreas ricas en materia orgánica y calizas marinas de fondos euxínicos, correspondientes a la Formación La Luna (Fig. I.3.7). Esta unidad forma la roca madre de la mayoría de los hidrocarburos venezolanos. Por otra parte, en la base de la formación hay varios niveles volcánicos que sugieren, según Parnaud, et al. (1995), la presencia de un arco volcánico al O que implica el inicio de la subducción de la placa Pacífica. Los ambientes neríticos se situaban al SE de los pelágicos, en los flancos SE de los Andes y en la cuenca de Barinas. Las secuencias sedimentarias acumuladas en esta provincia se caracterizan por capas de arenas, con glauconita y fosfatos, y la ausencia de ambientes euxínicos (Miembro Tres Esquinas de la Formación La Luna, Ghosh, 1984; Galea, 1989, Boesi et al., 1993), indicando un periodo de sedimentación reducida, o probable ausencia de sedimentación. Los ambientes costeros, que dejaron una gruesa secuencia de areniscas, se situaron al S de los neríticos, marcando el máximo transgresivo hacia el S.


Fig. I.3.6: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria Albiense – Cenomaniense inferior de la supersecuencia B del margen pasivo. Misma leyenda que la Fig. I.3.5. (Modificado de Parnaud et al., 1995)

La Transición de margen pasivo a activo (supersecuencia C del Cretácico Superior–Paleoceno inferior)
Esta fase de transición tuvo lugar por la colisión entre el arco volcánico Pacífico con la placa de Sur América. Se creó una cuenca de antepaís con un depocentro profundo (foredeep) en el área de Perijá y un forebulge en la zona de Barinas (Figs I.3.3C y I.3.8). Sin embargo hacia el N y NE persiste el margen pasivo hasta el emplazamiento de los cabalgamientos y mantos de Lara, indicando un cierre en “tijera” para el margen pasivo. Esta fase de transición se caracteriza por la regresión de finales del Cretácico que deja tres secuencias (Fig. I.3.4).
Fig. I.3.7: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria del Cenomaniense – Campaniense.  Las líneas discontinuas indican lutitas marinas. Misma leyenda Fig. I.3.5. Modificado de Parnaud et al. (1995).

La base de la secuencia Campaniense superior-Maastrichtiense es la Formación Colón que se extiende por toda la cuenca N del occidente de Venezuela, la secuencia se caracteriza a techo por intervalos arenosos depositada en aguas someras y que componen la Formación Mito Juan. Con esta secuencia depositacional termina el relleno mesozoico de las cuencas del occidente de Venezuela.
En las dos secuencias de depósito que pertenecen al Maastrichtiense Superior-Paleoceno, la orientación NE-SO del cinturón de facies del Cretácico cambia en el Paleoceno, debido a que continúa la deformación en el SO de los Andes. La sedimentación durante el Paleoceno se caracterizó por acuñamientos hacia la parte occidental de la cuenca de Maracaibo, influenciada por la paleogeografía del antepaís (Boesi et al., 1992). Se formó un gran complejo deltaico progradante en la plataforma de la cuenca de Maracaibo que alternó con planicies costeras y lacustres hasta el Mioceno Inferior (Testamarck et al., 1991). En la región ocupada por la cordillera andina, luego del retroceso de los mares del Cretácico, emerge una nueva plataforma continental, donde se instalaron ambientes pantanosos deltaicos, planicies costeras de aguas someras, representados por el Grupo Orocué (formaciones Catatumbo, Barco y Los Cuervos). Hacia el NE estos depósitos pasan a los de plataforma interna de la Formación Guasare (Fig. I.3.4).




Fig. I. 3.8: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria del Cenomaniense superior – Maastrichtiense. Misma leyenda de la Fig. I.3.5 (Modificado de Parnaud et al., 1995)

Cuenca de colisión (supersecuencia D del Paleoceno superior al Eoceno medio)
Esta supersecuencia se depositó a causa de la colisión entre las placas del Pacífico y Sur América. Los mantos de Lara se emplazan desde el N de la cuenca del lago de Maracaibo a finales del Paleoceno. Los mantos fueron girando gradualmente hacia el E generando cuencas de antepais (Fig. I.3.10). La plataforma del Paleoceno superior estaba interrumpida al NE por un alto estructural, donde actualmente se encuentra el lago de Maracaibo (Fig. I.2.6B; I.3.3D), este alto es interpretado como un “forebulge” que migró hacia el SO y fue el responsable de la discordancia entre la formaciones Guasare y Misoa en la cuenca de Maracaibo. La deformación por flexión se tradujo en una serie de transgresiones y regresiones a nivel regional que produjeron una serie de ciclos regresivos y transgresivos en el Eoceno (Fig. I.3.4): una secuencia del Paleoceno superior-Eoceno inferior y dos secuencias del Eoceno medio. En la zona del FNA que nos ocupa, la sedimentación se inicia con los depósitos de plataforma mareal de la Formación Misoa (Eoceno inferior a medio). Esta unidad está recubierta en concordancia por las arcillas -a veces areniscas- y calizas marinas poco profundas de la Formación Caús (Eoceno medio); la Formación Paují (también del Eoceno medio) es una potente secuencia de arcillas de batimetría más profunda.


Fig. I.3.9: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria del Paleoceno-Eoceno inferior. Misma leyenda de la Fig.I.3.5. (Modificado de Parnaud et al., 1995)

Cuenca de colisión (supersecuencia E del Eoceno superior al Mioceno inferior)
Esta supersecuencia se deposita en la cuenca de antepais formada durante la colisión del arco de Panamá con la placa de Sur América. El Eoceno superior es un periodo de importantes pulsaciones orogénicas (epirogénesis Caribeana) que ocasionó extensas zonas de levantamiento. Desde el punto de vista paleogeográfico se forma un relieve positivo al E-NE que separa la cuenca continental del lago Maracaibo de la cuenca marina situada más al N (Fig. I.3.3E). Ese levantamiento provocó en gran parte del país  una intensa erosión  seguida por una sedimentación continental y deltaica (Testamarck et al., 1991). Los levantamientos iniciales de la sierra de Perijá y la cordillera oriental de Colombia, suministraron los sedimentos al sistema fluvio-deltaico del O de la cuenca (Fig. I.3.10). En la primera etapa la circulación marina sólo afectó por el E a la cuenca de Apure-Barinas, y hasta el final del Oligoceno-principios del Mioceno no se extendió esta influencia marina por la cuenca de Maracaibo. Se han reconocido dos secuencias depositacionales (Fig. I.3.4): una inferior que apenas tiene representación en la sierra de Perijá, y otra transgresiva que abarca desde el Oligoceno superior al Mioceno inferior, siendo las formaciones León y Palmar las más característica de esta última secuencia en el FNA según Zambrano et al. (1971) (Fig. I.3.11). Existen evidencias sedimentológicas en la Formaciones León y Palmar de un levantamiento temprano en los Andes venezolanos durante el Oligoceno–Mioceno Temprano, que conformaría la existencia de una antigua cuenca confinada similar a la de la cuenca de Maracaibo actual (Arminio y Allen, 1990; Higgs, 1993).

LA SUCESIÓN SINOROGÉNICA

Cuenca de colisión (supersecuencia F del Mioceno inferior al Pleistoceno)
La sucesión sinorogénica comienza con la supersecuencia F de Parnaud, et al. (1995) que está relacionada con la cuenca de antepais generada durante la colisión del arco de Panamá con la placa de Sur América. La fase tectónica compresiva a gran escala se inició en el Mioceno medio y es culminante en el Plio-Pleistoceno. Resultado de esta fase de deformación es el aislamiento de la cuenca de Maracaibo y la de Barinas-Apure (Fig. I.3.12). El levantamiento tan rápido de los Andes está registrado por las discordancias angulares que se detectan por sísmica en sus flancos, y la sedimentación molásica existente en los márgenes, que se articula en dos secuencias depositacionales. Ambas secuencias en el FNA componen el Grupo Guayabo formado por las formaciones Palmar, Isnotú y Betijoque (Fig. I.3.4), que se depositaron en el surco subsidente (foredeep) recién creado.



Fig. I.3.10: Paleogeografía de la secuencia sedimentaria del Eoceno medio. Las líneas punteadas representan areniscas continentales. Misma leyenda de la Fig. I.3.5 (Modificada de Parnaud et al. 1995)

El Grupo Guayabo

Resumiendo las ideas expuestas en los párrafos anteriores. Durante el Cenozoico del FNA hay tres grandes supersecuencias (en el sentido de Parnaud et al., 1995) que están separadas por discontinuidades. La primera  (supersecuencia D) marca la transición entre las sucesiones cretácicas y las del Paleógeno. Estas últimas, están compuestas por areniscas y lutitas con carbones en proporciones menores, que parecen representar el inicio de la regresión de los ambientes marinos previos. Las secuencias paleógenas aparentemente constituyen el último episodio importante de sedimentación en ambientes marinos y de transición en esta faja montañosa. A techo de esta secuencia y separándola de la inmediatamente superior se ha detectado regionalmente un hiato temporal que abarca desde el Paleoceno superior al Eoceno medio. La segunda supersecuencia (E) pertenece al Eoceno medio y superior, y también está limitada a techo por otra discontinuidad. Las rocas post-eocenas de la tercera supersecuencia (F) se restringen a una espesa sucesión molásica que bordean ambos flancos, N y S, de los Andes y que constituye el Grupo Guayabo (Fig. I.3.4). Los ambientes sedimentarios que dominaron el FNA, fueron mayoritariamente continentales, por lo que sus depósitos tienen gran variabilidad lateral de facies. Este hecho, unido a la intensa deformación del Flanco, dificulta por una parte el reconocimiento de esas unidades y sus componentes, así como su correlación con las existentes en el FSA y Cuenca de Maracaibo. Por otra parte las correlaciones entre los bloques estructurales son bastante dudosas y con frecuencia contradictorias debido a la ausencia de fósiles diagnósticos que afiancen las superficies isócronas en el Flanco.



Fig. I.3.11: Paleogeografía de la secuencia de depósito Oligoceno – Mioceno medio. Se muestra la extensión y relación entre las formaciones León y Palmar (modificado de Zambrano et al., 1971).

En el FNA, entre las regiones de Trujillo y Mérida, es donde las formaciones que componen el Grupo alcanzan su mejor desarrollo. Siguiendo las ideas de Zambrano et al. (1971), González de Juana et al. (1980), Müller et al. (1987) y Higgs et al., (1995), la articulación de formaciones en el FNA y regiones adyacentes es la siguiente: El contacto del Grupo Guayabo con la Formación León, del Oligoceno, en la cuenca del río Chama es concordante, pero hacia Trujillo, la Formación Palmar, yace discordante sobre la Formación Paují del Eoceno Medio.


Fig. I.3.12: Paleogeografía de la secuencia de depósito Mioceno superior - Plioceno. Se muestra la extensión y relación entre las formaciones León y Palmar (modificado de Zambrano et al., 1971).

El techo del Grupo Guayabo en el FNA es una discordancia que lo separa de la Formación Carvajal del Cuaternario. En Mérida, el registro sedimentario de esta secuencia se limita a la Formación Mucujún, que abarca desde Oligoceno medio-superior al Mioceno inferior, y que es equivalente a las formaciones León y Palmar. En el FSA las unidades equivalentes al Grupo Guayabo son las formaciones Parángula y Río Yuca, pertenecientes al Mioceno inferior-medio la primera y al Mioceno superior la segunda. Existe pues una laguna estratigráfica de carácter regional que separa las dos últimas megasecuencias cenozoicas, que tiene distinta amplitud temporal. En la cuenca de Maracaibo abarca desde el Eoceno medio hasta la base del Mioceno; Hacia las zonas más meridionales, hacia el FNA el hiato está más restringido, limitándose al Oligoceno inferior-medio.
El Grupo Guayabo fue definido por Notestein et al. (1944) y fue dividido por Sutton (1946) en las formaciones Palmar, Isnotú y Betijoque. La edad del grupo, Mioceno temprano-Plioceno, está basada en la escasa fauna que encierran sus sedimentos y en las relaciones estratigráficas con otras formaciones. La F. Palmar es del Mioceno temprano, la F. Isnotú corresponde al Mioceno medio y la F. Betijoque al Mioceno tardío-Plioceno (González de Juana et al., 1980; Lorente, 1986; Pitelli, 1990; Rull, 1997).
Trump & Salvador (1964) señalan que el Grupo Guayabo representa la sedimentación continental marginal a la cordillera en proceso de levantamiento, y los ambientes de depósitos fueron continentales y costeros. Las direcciones de paleocorrientes y las relaciones de facies en el Grupo, requieren de una provincia distributiva occidental (Van Houten & James, 1984), y el dispositivo sedimentario era una llanura aluvial inclinada hacia el E, en un delta lobulado, que progradaba hacia el mar, donde el rango mareal era menor de 0,5 m. El episodio de máxima progradación (Formación Betijoque) refleja un aumento en la sedimentación y el aumento en la tasa del levantamiento de la provincia distributiva.

Una característica importante del Grupo Guayabo, es el aumento de la granulometría de los sedimentos hacia la parte superior de cada una de las formaciones. Las areniscas de grano fino están bien calibradas y presentan frecuentes laminaciones y estratificaciones cruzadas. Las arenas de grano medio a grueso tienen abundantes estratificaciones cruzadas y pequeños horizontes conglomeráticos de guijarros. Las bioturbaciones son frecuentes también en muchas areniscas que no presentan estratificación. Un 25% de las areniscas del Grupo Guayabo, son litarenitas ftaníticas; algunos conglomerados de guijarros contienen hasta 80% de ftanita; los feldespatos potásicos y las plagioclasas se presentan en un porcentaje bajo (6,5% y 7%); son frecuentes los granos de zircón y turmalina y los fragmentos de rocas metamórficas constituyen hasta el 10%. Las lutitas son de color marrón aunque también se presentan variedades con diversos colores; están bioturbadas, son carbonáceas y contienen delgadas capas de lignito. Los minerales de arcilla más importantes son: montmorillonita, illita y caolinita

Formación Palmar

Esta formación, cuyo nombre se debe a Sutton (1946), agrupa a todas las areniscas y lutitas intercaladas que componen las secuencias del Mioceno inferior del FNA, desde Trujillo, Mérida y Táchira hasta la frontera colombiana, donde es posible su diferenciación con la Formación Isnotú suprayacente; donde su diferenciación no es posible, se aplica el nombre de Grupo Guayabo a la sección completa. Esta unidad estratigráficamente es la más inferior del Grupo Guayabo, y está concordante y en transición sobre la Formación León del Oligoceno. Esta concordancia es general en todo el FNA salvo al NE del mismo, donde suprayace discordante a unidades más antiguas (Formación Paují, Eoceno), Fig. I.3.4. Finalmente, la Formación Palmar en la zona de El Vigía, descansa en discordancia (¿SB-28.4?), sobre los depósitos infrayacentes del Oligoceno (Arminio y Allen, 1990). El muro de la Formación. Palmar es equivalente a la Formación La Rosa y a la parte superior de la Formación Lagunillas y el Grupo El Fausto (Fig. I.3.4). Por otra parte, en la ciudad de Mérida (región central de los Andes) aflora una secuencia continental, de 610 m espesor denominada Formación Mucujún, de edad Mioceno-Plioceno que es equivalente lateral de la Formación Palmar (Ghosh & Odreman, 1987).

Las areniscas que componen la unidad son mayoritariamente de grano fino, aunque también las hay de grano grueso y localmente conglomeráticas; composicionalmente son muy cuarzosas y micáceas y los colores que presentan son blancos y grises. Las lutitas son en general muy arenosas, carbonosas y están moteadas, sus colores varían desde el rojo hasta el verde oscuro y negro. Poseen restos de plantas bioturbaciones por crustáceos y tienen intercaladas capas delgadas de lignitos (Trump & Salvador, 1964; González de Juana et al., 1980; Pitelli, 1990 y Testamarck et al., 1991). Hacia la parte superior de la unidad, los paquetes de areniscas son más frecuentes, de grano más gruesos (incluso conglomeráticas) y con fragmentos de chert (MARAVEN, 1991). En la localidad tipo se han descrito dos tramos (Mora et al., 2005): uno inferior de facies heterolíticas con predominio de lutitas y niveles carbonosos -muy abundantes en la base-, y otro superior compuesto por facies de areniscas bioturbadas, con estratificaciones cruzadas, laminaciones horizontales y restos de plantas.

Aunque las facies del dispositivo sedimentario son bastante constantes a lo largo de todo el FNA, parece que hay un afinamiento en el grano de las areniscas en dirección al NE.

El espesor de la unidad también es variable de unas zonas a otras, mostrando la geometría en cuña de la unidad. En la localidad tipo el espesor es de 570m en los estados de Mérida  de Táchira se alcanzan potencias de hasta 790 m y 1300 m respectivamente, mientras que en el sondeo de Guaruries -al NE de El Vigía- se ha medido 1460 m de espesor (ver el apartado correspondiente). En resumen, la Formación Palmar se acuña progresivamente hacia el NE, del flanco norandino hasta desaparecer al NO de Trujillo, donde la unidad presenta un carácter más lutítico.

La edad de la F. Palmar se enmarca entre el Mioceno Temprano a Medio sobre la base de foraminíferos, tales como: Siphogenerina, Ammobaculites, Haplophramoides, Trochamina, Quinqueloculina, Nodosaria, Textularia y Spiroplectammina, Cassidulina chipolensis Cushman y Ponton., (Sutton, 1946; Trump & Salvador, 1964; Pitelli, 1990). También soporta esa asignación temporal las zonas de palinomorfos de Verrutricolporites y Psiladiporites-Echitricolporites (Lorente, 1986).

El ambiente sedimentario en el que se depositó la unidad corresponde a ambientes de transición y lagunares costeros. En el límite Oligoceno (Formación León)/ Mioceno (Formación Palmar) el conjunto faunístico no es muy diversificado y abundante, caracterizándose por ambientes de marismas y llanuras costeras con presencia de Chilogembelina sp., Jenkinsina samelli, Haplophragmoides sp y foraminíferos betónicos calcíticos. El paquete de transición entre las formaciones León y Palmar en la zona de El Vigía que tiene características de llanura deltaica lacustre con influencia marina ha sido denominado informalmente Miembro Caracol de la F. León (Arminio y Allen, 1990; Rull, 1992; Higgs & Mederos, 1992). La presencia de fragmentos de rocas dentro de las lutitas ha sido interpretado como depósitos que han sido erosionados y resedimentados como resultado de las primeras pulsaciones del levantamiento andino. En el techo la Formación Palmar aumenta la influencia marina como muestran las especies Ammobaculites sp., Haplophragmoides sp. Ammomarginulina sp., Buliminellita sp. Ammonia gr. Ammotium sp., Globigerinoides sp., y restos biogénicos, foraminíferos bentónicos arenáceos y calcáreos (MARAVEN, 1990)

La Formación Isnotú

El término Formación Isnotú fue empleado originalmente por Sutton (1946), para denominar los 1.100 m de depósitos lutíticos abigarrados del Mioceno Medio expuestos a lo largo del FNA y cuya localidad tipo esta situada en el pueblo de Isnotú (carretera Motatán-Betijoque en el estado de Trujillo). La Formación Isnotú es una secuencia de lutitas predominantes (65%), bioturbadas y abigarradas en rojo, púrpura, amarillo y localmente carbonáceas, que tienen intercaladas areniscas en estratos de 2 a 3 m, de espesor. Estas últimas son de colores ocres, rojos y blancos, de grano grueso a fino, con intraclastos de arcilla, cuarzosas y micáceas, con estratificación cruzada, restos de plantas y trazas de hierro (Ramírez y Campos, 1972; González de Juana et al., 1980; Castro et al., 2005). En aquellos sectores del FNA donde esta formación tiene características litológicas diferentes algunos autores han propuesto cambiar su nombre, p.ej. Arminio y Allen (1990) han denominado en el sector El Vigía, como Formación Chama (informal) de edad Oligoceno–Mioceno a aquellos niveles que son aproximadamente sincrónicos con la F. Isnotú. Actualmente, se acepta el término Formación Isnotú para designar a aquellos depósitos lutíticos abigarrados del Mioceno Medio-Superior (CVET, 1997).

La Formación Isnotú en la localidad tipo es discordante sobre los depósitos eocenos (González de Juana et al., 1980).  En las regiones centro y sur del FNA, la unidad es concordante y transicional sobre la Formación Palmar (Mioceno Temprano), y  difiere de esta última, por su color y mayor contenido de areniscas y lutitas. La Formación Isnotú Infrayace concordante y transicionalmente a la Formación Betijoque (Mioceno Tardío – Plioceno), que se diferencia por su abundancia de conglomerados, areniscas pardas y ausencia de colores abigarrados. En el subsuelo de la Cuenca de Maracaibo se ha aplicado el nombre de Formación Isnotú a los sedimentos suprayacentes de la Formación Lagunillas (CVET, 1997).
La Formación Isnotú contiene restos indeterminados de plantas y carece casi totalmente de fauna fósil, por lo que su edad (Mioceno medio a tardío) ha sido asignada en base a su posición estratigráfica, datos de foraminíferos (Miliammina spp. y Miliammina fusca, Hedbergella spp según MARAVEN, 1990) y de polen (Bombacadicites ciriloensis, Foveotriletes ornatos, Nijssenosporites fossulatus, Polypodiaceoisporites pseudopsilatus  y Polypodiaceoisporites pseudopsilatus, Polypodiisporites usmensis y Retitricolporites irregulariss, según Guerrero et al.,2006).

La Formación Isnotú se caracteriza por tener en toda su extensión depósitos continentales, se inicia y culmina con depósitos de ambientes aluviales controlados tanto por variaciones climáticas como por  movimientos tectónicos del levantamiento andino del Mioceno tardío (Fiorillo, 1976), entre los que se intercalan en la parte media de la unidad sedimentos de ambientes pantanosos costero–llanura de inundación deltaica (MARAVEN 1990); también han sido descritos en la región de Trujillo depósitos de ríos meandriformes a muro de la Formación (Higgs et al., 1995; MARAVEN, 1993).

La Formación Betijoque

El término Formación Betijoque fue propuesta por Garner (1926), en Betijoque (estado de Trujillo), pero fue Liddle (1946) el que lo aplicó para los depósitos que representan la sedimentación del Mioceno superior-Plioceno en los Andes de Mérida (Fig. I.2.5), acepción que actualmente tiene aceptación general (Miller et al., 1963; CVET, 1997). La F. Betijoque representa el techo del Grupo Guayabo, su muro es concordante y transicional con la Formación Isnotú, aunque en algunas áreas está discordante sobre unidades más antiguas; el techo de Betijoque está extensamente truncado por las gravas de la Formación Carvajal (Pleistoceno), o con sedimentos más recientes, conformando una discordancia angular. La Formación se articula en dos miembros: el inferior, menos conglomerático se denominado Vichú, mientras que el superior, se caracteriza por contener más conglomerados en capas macizas y se conoce con el nombre de Sanalejos (Mencher et al.,1953; González de Juana et al., 1980).

La Formación está integrada por por tres tipos de facies interdigitadas conglomerados, areniscas y lutitas, que representan las molasas andinas (Sutton, 1946; Ramírez y Campos, 1972; Jiménez y Guerrero, 2005). Los conglomerados forman 25% de la unidad y son clasto y matriz soportados que se presentan en capas masivas de hasta 12 metros de espesor; en la mitad superior los conglomerados tienen peor calibrado, están menos cementados y sus clastos son de mayor tamaño. Las facies arenosas son de grano medio, mal escogidas, con estratificaciones horizontales y cruzadas que pasan a techo, a areniscas cuarzo–micáceas de grano más fino con clastos aislados y laminaciones de ripples; la forma de estos cuerpos arenosos, es generalmente lenticular amalgamados. La mayor parte de la unidad consiste de arcillas macizas de color gris verdoso oscuro que pasan localmente a pardo y negro, generalmente arenosas, y localmente carbonáceas y con restos de plantas. La distribución de facies a lo largo del FNA presenta variaciones; en la región de El Vigía–Estanques (sur del FNA) esta compuesta por areniscas, conglomerados y lutitas, haciéndose progresivamente más conglomerática en dirección NE, hasta convertirse en facies totalmente conglomeráticas en la región de Betijoque –Isnotú (estado Trujillo, norte del FNA, Fig. I.3.18). Asimismo, parece que su disposición estructural varía en sentido perpendicular al FNA indicando la posible presencia de discordancias sintectónicas. En efecto, entre los poblados de Betijoque y Agua Viva los paquetes de conglomerados forman grandes cuestas de buzamiento escarpados, cuya inclinación decrece progresivamente hacia el NE, hasta comportarse casi horizontal  en la zona de Sabana de Mendoza–Agua Viva (estado de Trujillo).

El espesor máximo de la unidad es de 4.365 m (CVET, 1997) que corresponde a los espesores sumados de los Miembros Vichú  (2.100 m.) y Sanalejos (2.225 m.). Sin embargo la unidad sufre fuertes variaciones de los espesores, La Formación Betijoque en el Valle de Monay, estado Trujillo tiene 2000 m., (Salvador, 1961), adelgazándose hacia el S de los Andes, hasta 650 m. (Ramírez y Campos, 1972). Sin embargo, Zambrano et al. (1971) sugieren que los 5.000 m, que rellenan la antefosa de los Andes corresponden en gran parte a la Formación Betijoque.

La edad de la Formación Betijoque es considerada como Mioceno tardío-Plioceno en base de correlación regional y apoyada por la determinación de flora: Blechum betijoquensis, Ficus betijoquensis, y Entrada boweni, así como los datos de polen: Bombacacidites ciriloensis y Polypodiaceoisporites pseudopsilatus (Guerrero et al., 2006).

La Formación Betijoque constituye una rápida sedimentación continental compuesta por sistemas de abanicos aluviales coalescentes de cuencas intermontanas cuyos desarrollos están asociados al levantamiento andino; sus litofacies tienen una marcada heterogeneidad interna que varían desde depósitos de coladas hasta canales fluviales arenosos de carga mixta y de alta sinuosidad, cuyas direcciones preferenciales eran hacia el E y NE, y depósitos lutíticos de llanuras de inundación (CVET, 1997; Taheri et al.,1991; Aquino,1992).

Evolución paleogeográfica del Grupo Guayabo

A manera de conclusión, la paleogeografía de la cuenca de Maracaibo durante el Cenozoico se puede resumir en la Fig. I.3.11; Fig.I.3.12; En ella se observa que la sedimentación del inicio del Terciario, fue continental con invasiones marinas que permitieron el depósito y preservación de sedimentos hacia el SO y NE de la cuenca de Maracaibo, donde hubo creación de espacios por tectónica extensional (Pestman et al., 1996); mientras que, la región central fue sometida a exposición por la formación de altos estructurales que generaron importantes discordancias regionales.

El ciclo del Terciario Superior (Neógeno) se inicia con el levantamiento progresivo de los Andes de Mérida, de la Sierra de Perijá y de la serranía de Trujillo la individualización definitiva de la cuenca de Maracaibo. La última invasión marina a la cuenca de Maracaibo tuvo lugar en el Mioceno inferior a medio, proveniente del N–NE. Se depositó una secuencia marina, de aguas más profunda en la base y más somera, salobre a continental, en el techo (formaciones La Rosa y Lagunillas del Mioceno temprano y  medio respectivamente).

Hacia el borde S de la cuenca de Maracaibo y a lo largo del FNA, desde el estado Táchira hasta el estado Trujillo, se depositan las lutitas y areniscas de la Formación Palmar, en ambientes marinos someros a lagunares salobres (Fig. I.3.19a). Se estima que durante la ocurrencia del depósito sedimentario de la parte superior de la Formación Palmar, los “protoandes” de Mérida experimentaron un brusco levantamiento. Este proceso continuó hasta la actualidad, depositando en la zonas subsidentes (foredeep) de los flancos, sedimentos continentales producto del desmantelamiento de las partes centrales de los Andes de Mérida, de esta manera se depositan las secuencias terrígenas de las formaciones Isnotú y Betijoque en el FNA, formación La Copé en la depresión del Táchira, Grupo Guayabo (Colombia) y las formaciones Parángula y Río Yuca en la antefosa suroriental de la Cuenca de Barinas–Apure.

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