EL FLANCO NORANDINO VENEZOLANO: RASGOS FÍSICO - GEOGRÁFICOS Y TECTONO-ESTRUCTURALES REGIONALES


EL FLANCO NORANDINO VENEZOLANO: RASGOS FÍSICO - GEOGRÁFICOS Y TECTONO-ESTRUCTURALES REGIONALES (PARTE I)

OMAR ANTONIO GUERRERO
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. MERIDA - VENEZUELA
ESCUELA DE INGENERÍA GEOLÓGICA


RASGOS FISICO - GEOGRAFICOS

Los Andes de Mérida es la gran cordillera del occidente de Venezuela  que se extiende desde la depresión del Táchira (cuya capital es San Cristóbal) al SO, hasta el NE del surco de Barquisimeto en el estado Lara (Fig. I.1.1). La cadena montañosa es un macizo bien individualizado, de orientación N45°-50°E y constituido por bloques amalgamados de más de 400 Km de largo por 100 Km de ancho. El punto más alto es el pico Bolívar (5.007 m de altura sobre el nivel del mar) ubicado en la sierra Nevada de Mérida. La cresta de esta sierra forma la divisoria de agua entre la cuenca hidrográfica del río Orinoco (Apure–Barinas) al SE y la cuenca de Maracaibo al NO (Fig. I.1.2). Ambas cuencas limitan a los Andes definiendo sus dos flancos. El Flanco Nor-andino (FNA) es la vertiente que mira a la cuenca de Maracaibo y ocupa el N de los estados de Táchira, Mérida, Trujillo y parte de Lara; el Flanco Sud-andino (FSA) es la vertiente que da a la cuenca de Barinas-Apure.

Los Andes se componen de dos unidades orográficas bien distintas: una zona montañosa y una depresión interna (Fig.I.1.2C). La zona de montañas es la cordillera de Mérida que nace en el páramo del Tamá (zona limítrofe con Colombia) y comprende dos ramales: el sistema montañoso del N (macizo de Tovar y la sierra de La Culata), y las montañas del S que comprenden la sierra Nevada de Mérida y la sierra de Santo Domingo. Ambos conjuntos orográficos se fusionan en el páramo de Mucuchíes, conformando el llamado nudo de Mucuchíes (Fig.I.1.3); allí se inicia la cordillera de Trujillo que separa las cuencas hidrográficas del río Motatán al NO y la del río Santo Domingo al SE. La depresión interna corresponde con la cuenca de Maracaibo que tiene 60.000 Km2 –situada entre la cordillera de Mérida al S-SO y la sierra de Perijá al O–  y cuyo interior está ocupado por un gran lago conectado con el mar Caribe.

Fig. I.1.1: Fisiografía de Venezuela

La zona estudiada está situada en el FNA hacia el margen SO de la cuenca de Maracaibo, entre las coordenadas geográficas 8°30´ y 9°30´ de latitud N y 72°00´ y 70°30´ de longitud O. Los desniveles topográficos en el FNA varían desde 4.100 m de altura en el nudo de Mucuchíes hasta el nivel del mar en la orilla del lago de Maracaibo. Clásicamente se contemplan tres provincias de acuerdo con la altitud (Fig. I.1.1), cuyos aspectos morfo-climáticos son bien


Fig. I.1.2: Esquemas que muestran la situación geográfica del Occidente de Venezuela (A y B). En (C) se observa la localización de los sistemas orográficos andinos y las depresiones de Maracaibo y Barinas-Apure. En (D) se muestra la vertiente del Flanco Nor-andino con la topografía resumida, los ríos y las ciudades citadas en el texto.

distintos: a) la llanura aluvial–lacustre andina delimitada entre el nivel del mar y la cota de 250 m de altitud; b) el piedemonte situado entre las cotas de 250 a 1.000 m; y c) la montaña que comprende todo el territorio situado por encima de los 1.000 m de altura; a partir de los 3.000 m la montaña alta se denomina páramo que está caracterizado por la ausencia de vegetación (sólo hay plantas endémicas como el Frailejón –spelletia-, Fig. I.1.4).


Fig. I.1.3. Panorámica de la cuenca alta del Río Chama en la  Sierra de La Culata, sector denominado Nudo de Mucuchies. Se aprecian el núcleo de granitos, gneises y esquistos moscovíticos, biotíticos y granatíferos del Precámbrico  y la acumulación de conos de gelifractos coalescentes producto de las cambios térmicos bruscos.



Fig. I.1.4: Vegetación endémica de los paramos andino denominada frailejón (espelletia), asentada sobre un pergelisol. La planta ocupa un estrato entre los 3.000  a 4500 m de altitud y alcanza una envergadura de 50 cm. Zona del pico El Águila (4.100 msnm).

El clima en el FNA es muy variado: entre tropical lluvioso de bosque, tropical lluvioso de sabana y tropical templado. Las precipitaciones se distribuyen durante el año en dos períodos que cubren los meses de mayo a junio y de septiembre a octubre, que alternan con los períodos secos de diciembre a mayo y de julio a agosto. La bimodalidad temporal de las precipitaciones es debida a la topografía, la latitud y los vientos alisios del NE que convergen hacia la cuenca de Maracaibo. Por otra parte, el clima y la vegetación también difieren según las provincias señaladas por la altitud.

En la llanura aluvial y lacustre el clima es tropical lluvioso de bosque con medias anuales de 1.800 mm de precipitación y 28°C de temperatura; allí abunda la vegetación de selva higrófila megatérmica.  En la zona de transición y en el piedemonte, el clima es tropical lluvioso de sabana y semiárido, con temporadas de sequía bien marcadas entre los meses de marzo y abril. Las medias anuales de la precipitación y temperatura son de 900 mm y 30°C, y la vegetación que allí vive es del tipo selva tropófila de pisos macrotérmicos o de temperaturas altas. El clima de montaña es tropical templado, mesotérmico, con promedios de precipitación anual entre 800 mm y 2.100 mm, y temperatura media anual que alcanza los 17°C; la vegetación allí es de selva higrófila o nublada, muy exuberante (Fig.I.1.5). Sólo se alcanzan temperaturas cercanas a los 0º C en las zonas de páramo o montaña alta (Fig. I.1.3; Fig.I.1.4).

En algunas zonas del FNA (p. ej. en las regiones de Agua Viva y Betijoque) el clima está muy influenciado por el efecto barrera (Fhöen) que impide el paso de los vientos húmedos y genera zonas áridas o semiáridas a sotavento de los relieves (Fig.I.1.6). Esto influye en el aporte hídrico que no es uniforme a lo largo del FNA, en este sentido hay que hacer notar que el incremento de los caudales de los ríos aumenta hacia el S.

Los ríos más importantes de la red hidrográfica son el Chama y el Motatán. El río Chama nace en el páramo de Mucuchíes y discurre por la depresión central de la Cordillera de NE a SO, girando hacia el N a la altura de El Vigía para desembocar en el lago de Maracaibo. El trazado del río Motatán –que también nace en el Páramo de Mucuchíes– es diferente, discurre hacia el NE y gira hacia el N a la altura de Agua Viva para desembocar también en el lago de Maracaibo (Fig. I.1.2D).



Fig. I.1.5. Panorámica de la cuenca media del río Chama en la carretera que une a Mérida con El Vigía, corresponde con la zona  de selva nublada tropical de montaña baja. Afloramiento perteneciente a la Formación Palmar (Mioceno inferior).


A la región se accede por varias vías asfaltadas, siendo las más importantes las carreteras Panamericana y Transandina, que cruzan el área de NE a SO. La carretera Panamericana bordea la cordillera de Mérida atravesando la zona de piedemonte del FNA, mientras que la carretera Transandina es un eje que recorre la región central, conectando los centros poblados de las zonas altas. Existen otras vías que cruzan el FNA de E a O, entre las que destacan: la Variante, la autovía Estanques–El Vigía y Valera–Sabana Grande.


Fig. I.1.6: Zona de Lagunillas de Mérida, en la Depresión Central de la Cordillera Andina en la cuenca media del río Chama. Este sector tiene un modelado semiárido porque esta protegido de los vientos húmedos alisios del NE, por la sierra de La Culata.

El FNA es la zona donde mejor afloran las secuencias sedimentarias del Neógeno de la cordillera de Mérida, concretamente en los sectores de Estanques–El Vigía, Mesa Bolívar en la cuenca del río Chama y los sectores de Agua Viva–Motatán y Betijoque–Valera, en la cuenca del río Motatán.

I.2. MARCO GEOLÓGICO GENERAL

El NO de América del Sur está situado, desde el punto de vista geodinámico global, entre las placas de Norte América, Nazca, Cocos y Caribe, por lo que la evolución de esta región –a lo largo de los tiempos geológicos– ha sido solidaria con los procesos que afectaron a esas placas y en especial con los movimientos relativos entre ellas.

A finales del Paleozoico, durante el Permo-Trías, la región estuvo afectada por la orogénesis Hercínica, desarrollándose una fase comprensiva SE-NO que comprendió una fase tectono-metamórfica con magmatismo asociado; a este plutonismo corresponden los batolitos del N de la cordillera.

En este margen N  de la placa, los territorios de Colombia, Venezuela y Trinidad-Tobago se individualizaron durante el Triásico y el Jurásico separándose del resto de Pangea. La causa fue un evento distensivo de rifting que organizó el O de Venezuela en un sistema de horsts y graben orientados según la dirección NE-SO.

La tectónica compresiva NO-SE que sufrió el occidente de América del Sur a partir del Cretácico Superior fue debida a la subducción de la placa Pacífica bajo ésta. El Arco del Caribe se desplazó hacia el E en el transcurso del Cretácico Superior–Paleoceno, provocando la colisión y obducción desde el Ecuador hasta Trinidad–Tobago. Al N colisionaron las placas de América del Sur y del Caribe durante el Cretácico Superior-Eoceno, desplazándose el Alóctono caribeño hacia el SE o SSE, cabalgando al margen de América del Sur (Fig. I.2.1). Durante el Paleoceno-Eoceno se produjo la acreción del Alóctono Caribe; este evento de arco de colisión diacrónico rompe el margen pasivo del Mesozoico y los mantos centrales de la placa del Caribe cabalgan la placa Sudamericana (Dewey & Pindell, 1986).

El levantamiento principal del margen NO de América del Sur ocurrió en el Neógeno por la colisión entre el Arco de Panamá y la placa de Sudamérica. Aunque los primeros impulsos en la cadena se iniciaron en el Eoceno superior, la etapa principal comienza al final del Oligoceno, como respuesta a la aceleración de la velocidad de desplazamiento de la placa Caribe que conllevó el cambio en la dirección de la convergencia entre las placas del Caribe y Sudamérica, desde NE-SO a E-O (Pindell et al., 1995)

Durante el Mioceno–Plioceno es cuando el levantamiento de la cordillera de los Andes alcanza su paroxismo. La actividad tectónica compresiva continúa y se intensifica más si cabe en el Plioceno. En el modelo de deformación juega un papel muy importante el basamento a través del control de la cinemática de los cabalgamientos en los que está involucrado, con vergencias hacia el NO. El modelo se completa con retro-cabalgamientos asociados de la cuenca de antepaís que vergen al SE (Audemard, 1991). Así adquieren los Andes de Mérida su morfología actual.


Fig. I.2.1: Relaciones tectónicas generalizadas en el N de América del Sur. Bloque de los Andes del N (BAN); bloque de Panamá (BP); bloque de Maracaibo-Santa Marta (BM); cuenca de Cariaco (CC); corrimiento frontal (CF); zona de fallas de Bocono (FB); zona de fallas de Bucaramanga (FBU); zona de fallas del Pilar (FEP); zona de fallas de Morón (FM); zona de fallas de Oca (FO); modificado de Kellogg et al., (1985).

MODELOS ESTRUCTURALES DE LOS ANDES



La cordillera de los Andes está limitada al NO por la cuenca de Maracaibo, en cuyo borde SE se sitúa la cuenca molásica andina de antepaís, con un foredeep paralelo a la cordillera (SO-NE) cuyo relleno alcanza un espesor que supera 12 Km de sedimentos (Fig. I.2.2A). Por el E los Andes están limitados por la cuenca de Barinas-Apure, que es la cuenca de antepaís molásica del SE que separa los Andes del Escudo de Guayana.

Diversos modelos estructurales han sido propuestos en los últimos años para explicar el levantamiento de los Andes. El modelo estructural de la cadena consistente en una megaestructura formada por movimientos verticales, fue defendido por González de Juana (1952); Martín-Bellizia (1968) y Shagam (1972). Según estos autores, los movimientos verticales produjeron el abombamiento y escalonamiento del basamento al fragmentarse en bloques. Este modelo también contempla que los flancos de la megaestructura se encuentran limitados por fallas inversas de alto ángulo.

Para explicar el desarrollo de la cuenca flexural profunda a lo largo del FNA, algunos modelos proponen que la corteza de la cuenca de Maracaibo tiene un componente de empuje de ángulo bajo en el manto (underthrusts) (Kellogg & Bonini, 1982) o subduce incipientemente por debajo de Sudamérica (Colletta et al., 1997). Los modelos de subducción continental con dirección SE no consideran los desgarres de acomodación dentro del cinturón montañoso producidos por la falla de Boconó, ni tampoco tiene en cuenta el papel que juega la falla de Valera en este conjunto tectónico activo, debido a que la cuenca flexural norandina finaliza contra ésta. Parece que el juego de los desgarres y el acortamiento de los Andes fueron simultáneos y se iniciaron a partir del Mioceno superior; por eso, algunos autores (Schubert, 1985; Monsalve, 1988; y Boesi et al., 1998) interpretaron la estructura andina como un levantamiento transpresivo con zonas de cizalla como la falla de Boconó y corrimientos imbricados hacia el exterior de ambos flancos (Fig. 1.2.2A).

Actualmente el modelo más aceptado está basado en la asimetría del campo gravitatorio y en las relaciones que existen entre los Andes y la cuenca de Maracaibo, intentando integrar el modelo evolutivo en el marco de la Tectónica de Placas. El modelo considera que la estructura andina es una mega-estructura anticlinal sobre un sistema de rampas y planos asociados genéticamente a una estructura monoclinal que cabalga los Andes sobre la cuenca de Maracaibo (Fig. I.2.2A).

Los modelos tectónicos sobre la vergencia de los Andes se apoyan esencialmente en los datos gravimétricos. El mapa de la anomalía de Bouguer de Venezuela Occidental (Fig. I.2.2B), está marcado según Hervoüet et al (2001) por valores negativos elevados (-160 mgal), en el límite entre la cadena y la antefosa occidental; estos valores sólo son explicables por el considerable espesor de sedimentos en la cuenca antepais (12 Km). Sin embargo para De Toni & Kellogg (1993) y Colletta et al. (1997) esos valores se explicarían por la presencia de un cabalgamiento cortical de 20 a 25 Km sobre el foredeep. No obstante, estos últimos autores admiten por un lado, la existencia de una estructura tipo anticlinal de rampa (fault bend fold) deformada sobre una rampa cortical que buza 20º hacia el SE, y por otro, la presencia de estructuras cabalgantes en duplex con vergencia al NO que implican al basamento (Fig. I.2.3). Los niveles de despegue, durante la deformación se situaron dentro de formaciones sedimentarias del Cretácico, Eoceno y Neógeno.



Fig. I.2.2: (A) Corte estructural NO-SE de la cuenca de Maracaibo, desde la Sierra de Perijá hasta la cuenca Barinas–Apure pasando por los Andes Venezolanos, en el que se muestra la situación estructural del Flanco Norandino (modificado de Schlumberger,1997). (B) Estructura cortical del Cretácico. (C) Estructura cortical profunda actual de los Andes de Mérida (modificados de Toni & Kellogg, 1993; Coletta et al, 1997).


Por otra parte, el modelo de subducción continental con buzamiento hacia el NO de la placa de Sudamérica (Audemard & Audemard, 2002) considera las diferencias reológicas entre la corteza de la cuenca de Maracaibo y la placa sudamericana. La corteza de la cuenca de Maracaibo ha tenido una historia termal y tectónica reciente, debido al rifting continental del Jurásico; mientras que la corteza Precámbrica del cratón de América del Sur es muy fría. Por tal motivo, debería imponerse la flotabilidad de la corteza de Maracaibo con respecto a las áreas cratónicas estables aledañas, previendo un hundimiento bajo el cratón de Sudamérica. Además, la corteza continental adelgazada es más débil que una corteza continental normal, siendo más susceptible de deformarse, lo que hace más difícil la subducción (underthrusting)

El modelo de Audemard & Audemard (2002) considera a los Andes como una cuña amalgamada de corteza frágil que está parcialmente despegada de la corteza dúctil por un desprendimiento a través de los Andes de Mérida (Fig. 1.2.4). Partiendo de esta premisa, las cuñas corticales se construyen por despegues y pliegues entre grandes corrimientos con buzamientos suaves al NO (underthrusting de ángulo bajo o subducción incipiente) y un retrocabalgamiento cortical con buzamiento SE, lo cual carga al Bloque de Maracaibo. Consecuentemente ambas fosas flexurales adosadas a los flancos FNA y FSA pueden ser comparadas con una cuenca de fore-arc, en el caso de la cuenca de Maracaibo, y un foredeep en el de la cuenca Barinas–Apure. Esto explicaría las diferencias de profundidad y tamaño entre las secuencias sedimentarias de ambas cuencas. Simultáneamente, la cuña cortical fue separada por dos sistemas de desgarres subaxiales que permitieron el escape de la mitad occidental de la placa sudamericana y del bloque triangular del Maracaibo hacia el NNE; al tiempo que la cuña se separaba en láminas a lo largo del limite de la corteza frágil–dúctil.

Como ya ha sido citado, la cordillera comenzó a levantarse en el Mioceno superior por la colisión entre el Arco de Panamá y la placa Suramericana. También durante el Plio-Cuaternario otra fase compresiva se sobreimpuso a la del Mioceno superior, produciendo la aceleración en el levantamiento de la cadena, por la transpresión causada en la convergencia oblicua entre los bloques continentales de Maracaibo y el escudo de Guayana. Resultado de esa convergencia continental es el cabalgamiento cortical que ocasionó el engrosamiento de la corteza (Fig. I.2.2C). Por otra parte, esas dos fases compresivas NO-SE y consecutivas produjeron, según Colletta et al. (1997), la megaestructura andina, al invertirse tectónicamente el graben jurásico pre-existente; proceso por el que se expusieron y erosionaron las rocas cristalinas y metamórficas del Precámbrico y Paleozoico en el interior de la cadena. Por último, la situación geotectónica actual de la cadena se debe a la compresión y al acortamiento transversal de los Andes en la dirección NO-SE (Fig. I.2.2D), mientras que la falla dextral de Boconó los desplaza lateralmente por la parte axial de la cadena (Fig. I.2.5).



Fig. I.2.4: El modelo de orógeno de flotación de los Andes de Mérida. El corte transversal  es de NO (Bloque de Santa Marta) al SE (cuenca de Barinas). El esquema inferior muestra las estructuras y unidades más importantes, mientras que la superior muestra las grandes estructuras como cabalgamientos, desgarres y zonas triangulares. Basado en Audemard & Audemard, (2002).

Resumiendo, el FNA está constituido por un frente de cabalgamientos de las rocas del basamento de los Andes hacia la cuenca adyacente de Maracaibo, con vergencia NO, con retrocabalgamientos con vergencia SE, organizados sobre planos en distintos niveles de la sucesión del Cretácico Superior, Eoceno y Mioceno (Fig. I.2.2A y D).

EL BLOQUE DE MARACAIBO

Los sistemas montañosos del NO de Ecuador, Colombia y Venezuela, revelan la existencia de un mosaico de bloques limitados por zonas móviles que constituyen el Megabloque Nord-andino, de los que uno de sus componentes es el bloque de Maracaibo–Santa Marta en el que está incluida la cordillera de Mérida (Fig. I.2.1).

Durante el Neógeno, la colisión entre el entre las placas del Arco de Panamá y de América del Sur, provocó el cambio de movimiento relativo entre ellas, que de NE-SO pasó a ser E-O. A partir de ese momento, la zona de colisión se convierte en un margen transformante. Como consecuencia de ese cambio la placa de América del Sur se rompió, individualizándose entre otros el Bloque cortical de Maracaibo. El margen transformante posee grandes zonas de fallas transcurrentes (fallas de El Pilar, de Oca y de Boconó), cuyos movimientos de desgarre se superponen a los cabalgamientos hacia el NO o SE (Kellog et al., 1985; Pindell & Erickson, 1995; Beltran, et al., 1996).


Fig. I.2.5. Contexto tectónico del NO de América del Sur según Dhont et al. (2005). Las flechas grandes representan el movimiento relativo de las placas (en cm. por año).

El bloque de Maracaibo tiene geometría triangular y está limitado por los desgarres sinistros de Santa Marta–Bucaramanga al O y de Oca al N, y la falla de desgarre dextrorso de Bocono por el S. (Fig. I.2.1). Este último accidente tiene más de 500 Km de longitud y corta a la cadena a lo largo de su parte axial siguiendo una trayectoria de SO-NE, reuniéndose al NE con la falla de El Pilar. No hay acuerdo entre los investigadores respecto a la edad de esta estructura; algunos piensan que es del Mioceno superior (Audemard & Audemard, 2002), otros que es del Plioceno (Dewey, 1972) o del Pleistoceno (Schubert y Vivas, 1993). El único dato objetivo y cierto es que el desplazamiento medido en algunas estructuras y depósitos cuaternarios afectados por la falla puede cuantificarse entre 3-14 mm/año (Audemard et al., 2000).

Las fallas que limitan el bloque de Maracaibo, constituyen grandes fronteras morfológicas coincidentes con conjuntos montañosos: el macizo de Santander al SO, el macizo de Santa Marta (Colombia) y la Sierra de Perijá al NO y la Cordillera de Mérida al SE. Estas unidades tienen entre ellas diferente relación y también es distinta la evolución tectónica de cada una de ellas. Los primeros levantamientos de la Sierra de Perijá y los Andes de Mérida fueron durante el Oligoceno-Mioceno inferior, produciéndose las primeras molasas en esos tiempos, mientras que la Cordillera oriental de Colombia se levanta durante el Mioceno medio siendo sus primeros depósitos sinorogénicos diacrónicos, ligeramente más jóvenes, respecto a los de las otras cordilleras (Pindell et al., 1995).

CRONOLOGÍA DE LA DEFORMACIÓN

El modelo de Dewey & Pindell (1986) fija seis etapas para la evolución tectónica del Bloque de Maracaibo (Fig. I.2.6.). Desde el Cretácico al Paleoceno se emplazaron diacrónicamente los mantos al N y NE del bloque de Maracaibo en el sentido SE (Fig. I.2.6A). Debido al empuje de la placa del Caribe sobre este margen de América del Sur se construyó la cuenca de Grenada y las Antillas Menores. En la cuenca de Maracaibo el emplazamiento de los mantos y el desarrollo de un foredeep ocurrieron durante el intervalo del Paleoceno al Eoceno inferior. También en aquellos tiempos se formó el conjunto de fallas de desgarre (Boconó, Santa Marta y Oca) que se convirtieron en cinturones móviles durante el Mioceno.



Fig. I.2.6: Esquemas de evolución geotectónica de Venezuela durante el Meso-Cenozoico, mostrando las supersecuencias estratigráficas (A-F). M, Machiques; U, Uribante; T, Trujillo; L, lago de Maracaibo; CC, cordillera Central Colombiana; G, Guajira; P, Paraguaná. Modificado de Pindell & Erickson, (1993).

Durante el Eoceno y Oligoceno los depósitos turbidíticos fueron acrecionados y metamorfizados en los mantos de Lara, debido al avance hacia el E de la placa del Caribe. El movimiento de esta placa continúa emplazando progresivamente los mantos y complejos acrecionarios dentro del margen N de Venezuela, acompañados por el cizallamiento dextrógiro de los conjuntos rocosos dentro de los mantos (Fig. I.2.6B)




Fig. I.2.3: Interpretación estructural del FNA según el perfil sísmico de Friatas. Las unidades del Cretácico Superior y del Terciario están plegadas en el anticlinal de Friatas por una serie de retrocabalgamientos. Basado en De Toni & Kellogg (1993)

  
El Mioceno inferior y superior se caracterizan desde sus comienzos por la orogenia Andina, la cual movilizó bloques de los terrenos cordilleranos hacia el O, conformando e individualizando el Bloque de Maracaibo. Los límites transformantes entre las placas del Caribe y Suramérica se convirtieron en convergentes y las Antillas Holandesas, que originalmente formaron parte de la placa del Caribe, fueron removilizadas hacia el N dentro de la porción más oceánica de la placa del Caribe (Fig. I.2.6D y E). Finalmente, en el Holoceno el Arco de Panamá colisionó con la cordillera occidental de Colombia lo largo de la sutura de Atrato y continuó convergiendo hasta producir la topografía tan accidentada de los Andes actuales (Fig. I.2.6.F).

Resumiendo, según los datos expuestos acerca de la evolución de la deformación de la cadena andina y la estructuración del bloque de Maracaibo, se puede distinguir tres etapas en la estructuración de la cadena (Hervoüet et al., 2001).

Los primeros efectos de la comprensión en el Mioceno se manifestaron por la formación de un cabalgamiento imbricado que involucra al basamento y que tienen como zona de despegue formaciones lutíticas del Cretácico Superior (formaciones La Luna y Colón). El desplazamiento se efectuó de SE al NO y delante de esta estructura cabalgante se instaló la antefosa nordoccidental andina que se rellenó en el Neógeno con materiales detríticos sinorogénicos derivados de la erosión de los relieves que se estaban formando.

El juego antitético del cabalgamiento cortical que se desplaza hacia el NO y los desgarres de Valera aparentemente hacia el SE, activan el funcionamiento de fallas inversas retrocabalgantes en el interior de la cuenca de antepais. Durante el depósito de las rocas correspondientes al Mioceno superior–Cuaternario (Formación Betijoque) la subsidencia se aceleró brutalmente y las unidades de la cuenca de Maracaibo pueden despegarse y desplazarse hacia el SE relativamente.

Durante el Plio-Pleistoceno la corteza se rompe en profundidad siguiendo un ángulo de 35º aproximadamente. Toda la estructura anterior cabalga hacia la cuenca de antepais a través de la falla inversa de Las Virtudes y Arapuey. Como algunos retrocabalgamientos continúan funcionando se crea una zona triangular. El juego de la falla de Las Virtudes es variable, siendo máximo en la región de ese nombre donde el desplazamiento horizontal sobrepasa los 4 Km, disminuyendo hacia el SO y NE.

ESTRUCTURA DEL FLANCO NORANDINO

La estructuración del FNA tuvo su inicio hace 25 Ma, con la reactivación de la falla de Bocono, que divide a los Andes en dos bloques estructurales más o menos paralelos entre sí, estrechos y alargados, de 50 Km de ancho respectivamente. Varios autores que se han ocupado del estudio de la tectónica andina, coinciden en señalar una estructura en flor, con una conjunto articulado de fallas que escaman progresivamente bloques del basamento y de la cobertera a partir de la falla de Bocono. (Fig. I.2.2D y I.2.3). En este modelo conceptual las fallas inversas de ángulo alto se disponen hacia el núcleo del sistema andino subparalelas a la falla maestra, y las fallas inversas de ángulo bajo en las zonas mas distantes de esta falla principal. Las fallas de ángulo bajo NE-SO son longitudinales, tales como el corrimiento de Las Virtudes en la parte NE del FNA y los corrimientos frontales de Onia en el bloque de El Vigía (Fig. I.2.7), que en origen fueron probablemente fallas normales de crecimiento ya existente durante el Cretácico y reactivadas durante la orogénesis Andina del Terciario.

Los esfuerzos transpresivos de la falla de Bocono, provocó el levantamiento del núcleo de la cadena, erosionando casi la totalidad de los terrenos anteriores al Mioceno depositados en su parte central y redepositándolos en las grandes fosas de subsidencia alargadas de los flancos FNA y FSA.

El FNA fue dividido por MARAVEN (1991) de SO a NE en cinco bloques estructurales con características litoestratigráficas propias (Fig.I.2.7): Seboruco–Las Hernández, Zea–Río Mucujepe, La Azulita–Caja Seca, Caja Seca–Motatán y Valera-Río Momboy. Cada uno de esos bloques limitan al S y en profundidad con la falla de Boconó y están separados entre sí por fallas transcurrentes NO-SE con movimientos generalmente sinistros.

Bloque Seboruco-Las Hernández

Se encuentra en el extremo S del FNA y está limitado por el O con una falla transcurrente dextrorsa con rumbo NO, localizada al noroccidente del estado Táchira. Este bloque se extiende alrededor de 65 Km hasta el contacto con el bloque contiguo de Zea–Mucujepe. Los depósitos del Terciario y Cretácico tienen rumbo aproximado N45°E, interrumpidos por una falla transcurrente dextrorsa con rumbo N30°O. Al S de este bloque las capas del Cretácico Superior se encuentran falladas y/o volcadas, sobrecorridas por unidades del Paleozoico, Jurásico y Cretácico Inferior.

Bloque Zea-Río Mucujepe

Es un bloque estrecho, con cerca de 28 Km de longitud, ubicado entre dos grupos de fallas transcurrentes sinistras orientadas N30° O: al O las  fallas de Zea y Río Escalante y al E la del Río Mucujepe. En el extremo SE del bloque se extiende una zona de flexión y el corrimiento de Mesa Bolívar, en el que el Paleozoico (Asociación de Tostós, entiéndase el término Asociación (CVET, 1997) como la unidad litodémica suite del NACS, 1983) cabalga sobre la Formación Palmar del Terciario. El límite S está controlado por el sistema de fallas Chama-Mocotíes conectado con la falla de Boconó. En general el bloque se caracteriza por esta sometido a una fuerte compresión, con corrimientos yuxtapuestos y volcamientos generalizados. El desplazamiento hacia el NO estimado por MARAVEN (1991) de secciones completas de basamento y cobertera es del orden de 7-8 Km. En este bloque estructural se ubican las sucesiones estratigráficas de Mesa Bolívar y El Vigía

La línea sísmica FN-83C-33 (Fig. I.2.8) se extiende por el flanco O del bloque, a lo largo de una estructura anticlinal orientada al NO y desplazada por fallas N-S. La sísmica muestra una tendencia a la verticalidad de las capas de las formaciones Palmar e Isnotú, cuyas rocas disminuyen progresivamente su buzamiento hacia el NO; constituyen en el subsuelo estructuras triangulares con escamas del basamento que vergen desde el núcleo andino hacia la cuenca de Maracaibo a lo largo de todo el FNA (Fig. I.2.9A).

Bloque La Azulita-Caja Seca

Tiene una extensión aproximada de 65 Km y está limitado al O por la falla de Río Mucujepe y por el NE por la falla de Torondoy–Piñango. El bloque se encuentra afectado al S por fallas secundarias de direcciones E-O a NE. En este bloque estructural se encuentran dos de los principales corrimientos en el sector N del FNA: uno que da origen al denominado Macizo La Avispa y otro que corresponde con el extremo occidental del corrimiento de Las Virtudes. Ambos cabalgamientos transportan escamas de varios kilómetros de longitud de rocas precámbricas (Complejo Iglesias) y parte de la cobertera cretácica y terciaria, con desplazamientos estimados del orden de 20 o 25 Km hacia el SO (MARAVEN, 1991).


Fig. I.2.7: Distribución de bloques estructurales en el FNA. (Modificado de MARAVEN, 1991)

Bloque Caja Seca–Motatán

Tiene 70 Km de longitud y está enmarcado por el S por la falla de Torondoy–Piñango, al E por la falla de Río Momboy y Valera–Agua Viva y al O por la falla de El Batey. El núcleo de este bloque está controlado por el sistema de corrimientos de Las Virtudes y Arapuey, que nace en la parte NO del bloque y se prolonga hacia la zona de Escuque–Valera, donde es disectada por las fallas de Valera–Río Momboy. En este bloque se estudió la sección de Betijoque entre las poblaciones de Betijoque y Sabana de Mendoza.

Sobre la base de la interpretación de las líneas sísmicas realizadas por MARAVEN (1991), en la parte NE de este bloque se han detectado una serie de corrimientos secundarios a partir del corrimiento de Las Virtudes que trasladan hacia el N escamas del basamento y bloques del Cretácico y Terciario (Fig. I.2.9B). En superficie no se observan deformaciones importantes que afecten a los depósitos del Neógeno. Un rasgo estructural importante es el anticlinal de Boscán, ubicado al SO de esta región. Durante el Terciario superior–Pleistoceno se produjo, en el extremo occidental del bloque, una antefosa con fuerte subsidencia denominada Depresión de Bobure.




 Fig. I.2.8: La línea sísmica FN-83C-33 ubicada al sur del FNA y registra la disposición de cuerpos sedimentarios del subsuelo, que definen una estructura de homoclinal  y bloques triangulares con vergencia al NO. (Modificada de MARAVEN, 1993)

Bloque Valera-Río Momboy

Es el bloque más norteño del FNA y está limitado por el S y O por las fallas de Valera y Río Momboy respectivamente. La región está dominada por afloramientos pertenecientes a la Formación Betijoque que presenta suaves buzamientos (10° a 15°) al N, que en ocasiones son subhorizontales.

De manera general la estructura del FNA está caracterizada por un sistema de fallas transversales, verticales y subparalelas de dirección NO-SE. Todo el conjunto forma un dispositivo estructural de horst y grabens escalonados sobre el borde de la cadena en contacto con la antefosa, definiendo varios bloques (Castrillo & Hervouet, 1996). Según las características de la deformación Audemard & Audemard, (2002) dividen el FNA en dos sectores: el segmento del SO o de El Vigía y el segmento de NE o de Valera (Fig. I.2.9; Fig. I.2.10).

Sector de El Vigía
Este sector corresponde con el bloque de Zea—Río Mucujepe ya descrito. Está vinculado a un gran retrocabalgamiento despegado a partir de una formación del Cretácico superior (Fig. I.2.9A). Los retrocabalgamientos con vergencia opuesta nacen en la antefosa molásica andina noroccidental (cuenca de flexión rellena por sedimentos que tiene más de 12 Km de espesor) y forman una zona triangular convencional (estructura limitada por dos cabalgamientos con vergencia opuesta, ligados al mismo nivel de despegue y que convergen hacia la superficie). La secuencia sedimentaria terciaria (growth wedge) en este sector buza hacia el NO con ángulos elevados y forma un cinturón de facies de 10 Km de anchura adosado al FNA. La parte superior de la secuencia comprende el Mioceno superior y Plio-Pleistoceno (Fig.I.2.3); sus reflectores sísmicos convergen hacia fuera de la cuña, mostrando unos dispositivos de solapamiento (onlap) sobre el borde e indicando también la presencia de algunas discordancias progresivas. Por debajo de esta cuña, y encima de los niveles más profundos despegados del Cretácico Superior, hay otros dos niveles de despegue que según los marcadores sísmicos corresponden uno a la secuencia del Eoceno y otro a la del Mioceno inferior y medio. Por último, la zona triangular está compuesta por


Fig I.2.9: Geometría del subsuelo en el sector de El Vigía al S del FNA (A) y en el área de Arapuey-Torondoy al N del FNA (B), mostrando el complejo de corrimientos con vergencia NO, las cuñas de crecimiento y las zonas triangulares (Audemard & Audemard, 2002)
cuatro láminas cabalgantes del basamento (cuña intracutánica) que tienen vergencia al NO (Fig. I.2.9A).

El bloque de El Vigía se caracteriza por su complejidad, está limitado al S por un conjunto articulado de corrimientos en el que destaca el corrimiento de Mesa Bolívar, que pone en contacto rocas paleozoicas con terciarias y produce pliegues con vergencias principales al NNE. El Granito de El Verdalito aflora al SE inconforme bajo las rocas cretácicas. En la parte central y N del bloque se observa un conjunto de fallas que disectan al bloque en el sentido E-O y SO-NE, individualizando bloques con rocas cretácicas y terciarias. De manera general las secuencias sedimentarias más antiguas afloran al S y hacia el núcleo de los Andes, mientras que las rocas más recientes afloran hacia el N, hacia la cuenca de Maracaibo. En este sector del SO del FNA (Fig. II.1.1) se estudiaron las sucesiones estratigráficas de El Vigía y Mesa Bolívar. La primera a lo largo de la autovía Rafael Caldera, desde el sector El Caracol hasta la ciudad de El Vigía; la segunda desde el sector Bolero Alto hasta la población de La Palmita.

Sector de Valera

Este segmento NE del FNA corresponde con los bloques Caja Seca-Motatán y Valera-Río Momboy (Fig. I.2.7). Está definido por el cabalgamiento más grande de todo el FNA que verge hacia el NO y que es conocido con el nombre de Las Virtudes (Audemard, 1991). Es una zona estructuralmente muy compleja caracterizada por pliegues y fallas regionales. Entre los pliegues destacan un conjunto de anticlinales como los de Escuque, Campo Alegre, El Baño y Jalisco. Las fallas son las de Río Momboy y Motatán que tienen dirección NE, pero que al llegar a la región de Valera se unen y toman el rumbo NNO (Fig. I.2.9; Fig. I.2.10), conociéndose a partir de ahí con el nombre de falla de Valera. Según Soulas et al. (1985) la falla de Valera alcanza 240 Km de largo, con un componente transcurrente dextrorso; al S de la ciudad de Valera su orientación es de N30º E cambiando a N-S al norte de la misma.

Las consecuencias de esta complejidad estructural es la distribución de unidades en este sector. Al SO de Valera hay Miocenos discordantes sobre el Paleozoico, mientras que al O de la ciudad, en ambos flancos del anticlinal fallado de Campo Alegre, el Mioceno se dispone discordante sobre el Cretácico. Por último, al E de Valera las rocas miocenas de la Formación Betijoque están en contacto mecánico con el Granito de Valera.

  

 Fig. I.2.10: Bloques estructurales y fallas principales al N del FNA (Tomado de Castrillo & Hervoüet, 1996)

Comentarios

Entradas populares de este blog

FLANCO NORANDINO VENEZOLANO: CARACTERÍSTICAS ESTRATIGRÁFICAS Y PALEOGEOGRÁFICAS